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Cómo aprovechar los restos de verduras

Pieles, tallos, hojas exteriores: la mayoría de restos de verdura todavía tienen mucho que ofrecer antes de ir a la basura.

Jorge Durán Orta2 min de lectura
Restos y pieles de verdura guardados para aprovechar en la cocina

Foto: Tek monde / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0) — ver original

Es habitual tirar directamente pieles, tallos y hojas exteriores de las verduras sin pensarlo demasiado. Muchos de esos restos, sin embargo, todavía tienen sabor y nutrientes que aprovechar antes de terminar en la basura o, en el mejor de los casos, en el compost.

Lo que casi siempre se puede aprovechar

  • Tallos de brócoli y coliflor: pelados y cortados en dados, se cocinan igual que el resto de la verdura.
  • Hojas exteriores de lechuga o col: perfectas para caldo, aunque no se usen en ensalada.
  • Pieles de patata y zanahoria bien lavadas: aportan sabor a un caldo casero.
  • Tallos de hierbas aromáticas (perejil, cilantro): con más sabor concentrado que las hojas, ideales para caldos y sofritos.

El destino más sencillo: el caldo casero

Guardar restos de verdura en el congelador —en una bolsa que vas rellenando durante la semana— hasta tener suficiente cantidad para preparar un caldo casero es una de las formas más directas de aprovecharlos sin esfuerzo añadido.

Cuando el aprovechamiento se convierte en conserva

Algunos restos, como las pieles de cítricos, se prestan a algo más que un caldo: pueden confitarse, secarse para infusiones o aromatizar vinagres y aceites. Es una forma de que el aprovechamiento no se quede solo en "no tirar", sino que genere algo con valor propio en tu despensa.

Lo que no conviene aprovechar

No todos los restos son igual de recomendables. Las hojas de tomate y patata, por ejemplo, contienen compuestos que no conviene consumir. Ante la duda sobre si una parte de una verdura es comestible, es mejor comprobarlo antes que dar por hecho que "todo se aprovecha".

Cuando ya no se puede cocinar, todavía sirve

Los restos que no se prestan a cocinarse —pieles muy fibrosas, raíces gastadas— siguen teniendo un destino útil en el compost casero, cerrando el círculo si tienes huerto propio: lo que sobra de la cocina termina alimentando el sustrato de la próxima temporada de cultivo.

El Manual visual del huerto urbano explica cómo montar un compost casero sencillo, y el Manual visual de la despensa casera recoge ideas para llevar estos aprovechamientos a la mesa.

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